lunes, 2 de mayo de 2016

Vida

Cuando el amanecer se torne en medio día, sin verme aún.

Cuando mi cara sea de cal y mis manos de hielo.

Cuando mi reloj decida ser estático cansado de girar sobre las mismas horas, los mismos minutos, los mismos segundos.

Cuando mis ojos estén vacíos y mi cuerpo sea pasto de la monotonía más profunda.

 Cuando mi mente sea el jardín de infancia de cientos de gusanos deseosos por crecer, cuanto antes, para así conocer mundo (Nosotros éramos así ¿lo recuerdas? Pero crecimos y vivimos, para descubrir que la libertad es una jaula de cristal, y el amor es una autarquía ceñida en hacerme añicos)
         

       Entonces quizás, quizás entiendas que la misma cuerda que pisas es la que me ahorca; que mi legado no serán más que mis versos y mis pecados, una vida bohemia, pero feliz.

Entonces quizás entiendas lo que es la felicidad, porque "solo hay una cosa tan inevitable como la muerte: se llama vida"